Psicofisiología - UNR - ISSN 2422-7358

 
Inicio arrow Grupos especiales arrow Grupo Desarrollo Temprano arrow Experiencias Vinculares Tempranas
martes, 25 de abril de 2017
Menú principal
Inicio
Docentes
Editoriales - Historia
Biblioteca
Grupos especiales
Psicosomatica
Columnistas Invitados
Publicaciones
Galería de Imágenes
Novedades
Transparente
Pará Celso !!!
Cartas al Editor
Marcos Juárez
Enlaces
Contactar
Buscar
Blogs
Experiencias Vinculares Tempranas PDF Imprimir E-Mail

Su importancia en el intercambio psicoafectivo madre – bebe; y su impacto en el neurodesarrollo. 

 Dr. Fernando M. Gómez.

Médico especialista en Pediatría.

Ex residente y Jefe de residentes del Hospital de Niños Ricardo Gutierrez.

Médico especialista en Psiquiatría, UBA. 

Miembro del Grupo Universitario de Neuropsicofarmacología.

Jefe de Trabajos Prácticos 1° Cátedra de Farmacología, Facultad de Medicina, UBA.

Medico de planta del Servicio de Psicopatología Infantil del Hospital Alemán.

Candidato de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

 

En primera instancia debo aclarar que el abordaje de esta presentación tendrá un mayor énfasis en el campo de la biología de acuerdo a los fines que me fueron solicitados para el desarrollo de esta actividad.En psicología experimental los procesos de vínculos tempranos entre la madre y las crías son extremadamente complejos. En los seres humanos al intervenir otras variables como lo social,  lo cultural, lo emocional, entre otras, el problema adquiere un nivel superior de complejidad. Diversos autores han tratado de estudiar y describir los aspectos normales, como así también aquellos que resultan en consecuencias devastadoras para el desarrollo del individuo, tanto en un corto plazo en el desarrollo infanto juvenil, como a largo plazo en el adulto. Al plantear la extrema complejidad, entendemos que en la configuración de los mismos participarán un sinnúmero de variables pertenecientes a diferentes niveles: el biológico, el psicológico y el social.

En este trabajo nos limitaremos a considerar, de acuerdo a los fines de esta actividad: 1) los aspectos biológicos que podrían intervenir durante el período de vida intrauterina en el desarrollo de las conductas de maternaje; 2) el impacto de las experiencias vinculares tempranas normales sobre el neurodesarrollo; y 3) la manera en que éstas últimas impactan, sobre el neurodesarrollo, cuando son generadoras de intenso estrés. Como ejemplo de experiencias vinculares tempranas adversas podemos citar: las pérdidas parentales, el divorcio parental, el abandono, las condiciones anormales de crianza, y el abuso físico y/o sexual, entre otras. Estas podrán repercutir sobre el crecimiento, el desarrollo y la sobrevida de diferentes elementos constitutivos del SNC: las dendritas, los axones, las sinapsis, las interneuronas, las neuronas y la glía. De esta manera podremos comprender que la salud mental y que la patología mental en el otro extremo de la recta, no son el simple resultado de la acción o no de estresores presentes (“visión sincrónica”), sino que mantiene una íntima relación con todas aquellas experiencias de vínculo y desarrollo temprano (“visión diacrónica”) las cuales tendrán una repercusión en un nivel neurológico a través de su capacidad de favorecer el trofismo del Sistema Nervioso  Central y la conformación y mantenimiento de circuitos especializados en el procesamiento de la memoria y el aprendizaje lo que podrá traducirse en un conjunto de propiedades cognitivas, afectivas, vinculares, etc. Así, estas experiencias vinculares tempranas podrán construir la matriz necesaria para el desarrollo tanto de salud mental, o bien de posteriores desordenes psicopatológicos ante situaciones adversas. La mayoría de las madres de mamíferos humanos y no humanos presentan la capacidad de poder desarrollar un conjunto de complejas respuestas de tipo conductual y emocional con el nacimiento de su cría. La cría dispondrá, en forma simultánea, de una capacidad para el desarrollo de un complejo proceso de “señalización” que junto con las conductas maternas establecidas generarán una relación de mutua reciprocidad que participará en la conformación de una “matriz” de fundamental importancia para el desarrollo del individuo tanto en un nivel biológico (maduración del sistema nervioso, inmune, endocrino entre otros) como psicológico (patrones de conductas sociales y emocionales propias de cada especie).

Los vínculos temprano madre – bebé han sido un tema de estudio de gran relevancia para el campo de la psicopatología, si tenemos en cuenta la importancia que éstos adquieren en el desarrollo del niño y del adolescente. Con los avances producidos en el campo de las neurociencias, diversos autores han tratado de establecer los sustratos neurales que podrían participar en el desarrollo de las experiencias vinculares tempranas.

Si hacemos un poco de historia podemos mencionar el rol relevante que han tenido las experiencias vinculares tempranas a través de su estudio por diversos autores. Así en el año 1190-1250 se constata la primera experiencia de privación afectiva en el niño desarrollada por el emperador Federico II. Ordenó a las nodrizas amamantar a los niños sin hablarles, sin hacerles gestos, solo higienizarlos. Quería evaluar la lengua que ellos iban a desarrollar primero. El resultado fue la muerte de todos ellos. A fines del siglo pasado Archambaud y Parrot plantean los trastornos psicológicos observados en los niños como resultado de la internación de los mismos en instituciones. En el año 1930 autores como Bowlby, Bender y Golfarb hablan de los efectos psicológicos resultantes de una internación temprana en una institución estableciendo la correlación significativa que se producía ante la privación de cuidados maternos a los cuales se encontraba expuesto el niño durante el desarrollo de la misma. En esta reseña histórica no podemos dejar de mencionar el valioso aporte de Spitz con la descripción de dos conceptos de suma relevancia: el de hospitalismo (como la alteración del cuerpo relacionada con el confinamiento a largo plazo en un hospital, y/o los efectos nocivos de la institucionalización temprana); y el de depresión anaclítica (cuadro signosintomatológico que se producía en los niños que después de un mínimo de 6 meses de relación con la mamá era separado de la misma. Este cuadro signosintomatológico que se desarrollaba, en forma directamente proporcional con el tiempo de separación).

En el año 1958, Bowlby elabora la teoría del apego. Para él, el apego es un sistema que se da desde el nacimiento, que  esta constituido por un conjunto de comportamientos que van a favorecer la cercanía con principales figuras parentales (mamá), y que va a satisfacer más allá de las necesidades fisiológicas del bebé,  relacionándose con la necesidad de mantener la supervivencia de la especie.

Para Bowlby la adhesion del lactante a su madre se origina en ciertos sistemas de comportamiento que son característicos de la especie, independientes entre sí y que se organizan alrededor de la madre como objeto principal permitiendo así el vínculo entre ambos. Establece 5 sistemas de comportamiento: succionar, seguir, sonreir, aferrarse y llorar. Estos se van a ir integrando dando origen así a lo que él llamó: conducta de unión cuyo fin es mantener al niño cerca de su madre. Este comportamiento (de unión) lo define como algo instintivo, pero dejando en claro que no quiere decir que sea hereditario sino que lo que se hereda es un potencial para el desarrollo de sistemas de conductas cuya naturaleza y forma difieren según el entorno en que tiene lugar el desarrollo. Por otro lado, plantea que para que la información aferente pueda ser interpretada y apreciada de una manera útil, es necesario la participación de lo que él llamaba “procesos de apreciación” que no son ni mas ni menos que la participación de los afectos y las emociones, que el individuo pone en juego para llevar a cabo dicha apreciación e interpretación.En el año 1978, Mary Ainsworth propone que las diferencias individuales en la sensibilidad y en la disponibilidad emocional de las madres durante el primer año determinará el tipo de seguridad en el attachment que adquiere el niño al final del 1° año de vida. A través del desarrolla un estudio longitudinal en madres con sus niños establece 3 tipos de attachemnt: el seguro, el resistente y el evitativo.

En el año 1986, Main y Solomon describen una cuarta variante: el desorganizativo/desorientado, el cual  aparecía en aquellos niños que no se puede clasificar en las categorías anteriores. Cuatro años después, en 1990, Main y Hesse establecen que este patrón se veía con mayor frecuencia en aquellos niños que se vinculan con un cuidador con una conducta interactiva altamente impredictible o bien en padres que habían presentado  pérdidas o experiencias traumáticas no resueltas, con trastornos afectivos severos, alcohólicos o con historia de alcoholismo, y en aquellos expuestos a experiencias de maltratro.

 De esta manera, las teorías de relación de objeto plantean como las experiencias tempranas cargadas de afecto con la principal figura parental (la madre), indefectiblemente intervienen en la estructuración psíquica. Así, la teoría del apego de Bowlby constituye una adecuada integración entre la biología y el psicoanálisis si consideramos que el intercambio afectivo descripto por la teoría de las relaciones de objeto y la teoría del apego ocurren durante un período de crucial importancia en el desarrollo del sistema límbico, por ejemplo el período en el que según Bowlby se establecen los patrones de “attachment” (entre los 7-15 meses del bebé) y  adquiere fundamental relevancia la mielinización y por lo tanto el desarrollo de las estructuras límbicas y de las cortezas de asociación.De esta manera, estos modelos de estudio nos permiten acceder a un entendimiento ampliado del ser humano. El  SNC no solo se encuentra dentro de un cuerpo biológico, sino que ambos se encuentra profundamente inmersos en un entorno y manteniendo una continua interrelación. De esta interacción constante entre los diferentes niveles, el SNC se encargará del procesamiento de señales (inputs) provenientes del mundo externo como del mundo interno del individuo con la finalidad de dar origen a respuestas (outputs) que tendrán la capacidad de modificar el entorno en el cual el ser humano habita lo que a su vez genera nuevas y diferentes señales (inputs) que actúan sobre el cuerpo y el SNC. Esta relación de carácter netamente bidireccional permitirá, a través de la puesta en marcha de fenómenos de neuroplasticidad, la conformación de circuitos de procesamiento especializados, que permitirán la adaptación y supervivencia del ser humano al entorno que lo rodea y lograr la perpetuidad del mismo a través de la perpetuidad de la especie. Autores como Fleming, O´Day y Kraemer plantean un modelo de “transmisión transgeneracional”,  en el cual los fenómenos de vincularidad temprana, resultantes de la interacción bidireccional SNC – cuerpo biológico – entorno, se transmitirían de generación en generación. Las variaciones que se produzcan sobre las experiencias de cuidado materno sobre el niño podrán servir de matriz para una transmisión conductual no genómica, a través de las generaciones, de las diferentes capacidades de un individuo de poder responder ante determinadas situaciones de estrés y otros eventos. 

La potencialidad y plasticidad del cerebro se da ya desde el inicio de la vida fetal. Se estima que al termino del embarazo el cerebro estaría constituido por aproximadamente 100 billones de neuronas por lo cual se considera que deben generarse aproximadamente 250.000 neuronas por minuto durante todo el período de gestación. Ahora bien, el período de neurodesarrollo no culmina con el nacimiento del bebé sino que continua y adquiere gran relevancia durante las primeras etapas de la vida y donde las diferentes experiencias vinculares tempranas y los diferentes estímulos ambientales se constituyen como potentes moduladores del mismo. Esto se constata a través de los eventos que tienen lugar durante este período del neurodesarrollo como ser: el aumento del peso cerebral (especialmente del cerebro anterior), del grosor de la corteza cerebral, del número de células gliales, de la relación glía / neuronas, del tamaño del cuerpo como así del núcleo neuronal, el incremento de las ramificaciones dendríticas, de la densidad de espinas dendríticas y del número de conexiones sinápticas. De esta manera teniendo en cuenta los eventos de intensa plasticidad cerebral a los que se encuentra expuesto el niño antes y después del nacimiento, es que podemos considerar a estos períodos como de extrema vulnerabilidad a posibles experiencias vinculares adversas, las que podrían alterar el normal curso del proceso de neurodesarrollo.

Diversos autores han tratado de estudiar los mecanismos neuroendócrinos y neuroquímicos que se ponen en juego durante la gestación y en el momento del parto, y la manera en que éstos podrían llegar a intervenir en el desarrollo de las conductas de maternaje. Con respecto a las modificaciones neuroendócrinas podemos citar:

a) el aumento de las concentraciones de estradiol durante las etapas finales del embarazo: las experiencias realizadas demuestran la capacidad de los esteroides ováricos para regular la densidad y el número de inputs sinápticos excitatorios tanto a nivel hipotalámico como hipocampal, con lo cual el aumento de los niveles de estradiol durante las etapas finales del embarazo podría estar asociado con un aumento del número de espinas dendríticas que van a hacer sinapsis. Es decir que los estrógenos estarían involucrados en la formación de  nuevas sinapsis. Ciertos autores plantean que estos fenómenos plásticos podrían estar relacionados con el desarrollo de ciertas conductas maternas en el momento preparto.

b) el aumento de la concentración de progesterona durante el embarazo y su consecuente disminución en el momento previo al parto: el aumento de su concentración durante el embarazo y la consecuente disminución de sus niveles en el momento previo al parto produce ciertas modificaciones. Ciertos autores han podido observar un incremento del número de células que contenían receptores para la progesterona (PR) en ciertas regiones del cerebro en relación al número de receptores para PR observados en las etapas iniciales del embarazo y del período de lactancia. Diversas experiencias realizadas en animales en condiciones normales, mostraron que la administración de progesterona producía un fenómeno modulatorio sobre la formación de espinas dendríticas inducidas por estrógenos. La administración de un determinado compuesto con capacidad de bloquear el efecto de la progesterona, producía una disminución en la disponibilidad de ciertas conductas maternas, lo que podría estar indicando el rol que esta hormona cumple en el control de ciertas conductas maternas.

c) el aumento de las concentraciones de oxitocina en el momento del parto: estudios realizados en ovejas permitieron observar un aumento de la liberación central de oxitocina (OT) en el momento del parto; mientras que la administración de este péptido a nivel central trajo como resultado la puesta en marcha de ciertas conductas maternas. De esta manera se plantea que la oxitocina estaría vinculada con la puesta en marcha y facilitación del desarrollo de conductas de maternaje si bien la misma no es requerida en el momento que dichas conductas se encuentran establecidas. La utilización de antagonistas del receptor a oxitocina en ciertas áreas cerebrales trajo como resultado un bloqueo en el inicio de las conductas de maternaje.

Por otro lado, la liberación de OT a nivel central durante el parto facilitaría el acercamiento de la madre a su cría y su posterior reconocimiento selectivo a través de los olores. De esta manera la oxitocina podría tener un rol importante en la transición entre las conductas de reconocimiento y rechazo de la madre por su cría. Así, se ha podido observar que la administración de oxitocina en áreas cerebrales de roedores y corderos reduce el rechazo de la madre por crías ajenas a ella.

d) el aumento de las concentraciones de prolactina durante las etapas finales del embarazo: los neuropéptidos como la prolactina y la oxitocina ambos involucrados en el proceso de amamantamiento, actúan como mediadores neuroendócrinos de las conductas de cuidado de la madre por su cría.

Con respecto a las modificaciones neuroquímicas podemos plantear que los sistemas de neurotransmisión favorecerían el desarrollo de cambios en el citoesqueleto y en la eficiencia sináptica de ciertas regiones cerebrales, importantes en los procesos de reconocimiento y aprendizaje. El uso de sustancias con la capacidad de inhibir dichos sistemas, han demostrado la capacidad de poder interferir con el desarrollo de ciertas conductas maternas. A modo de ejemplo podemos mencionar lo que pasa con el sistema de opioides endógenos, el cual se observó que participa en la regulación de ciertas conductas maternas ya que las hembras tratadas con morfina mostraron una menor disponibilidad de células con marcación positiva para c-fos lo cual se expresó mediante un deterioro significativo en el desarrollo de dichas conductas. La administración de naloxona (antagonista de ciertos receptores a opioides) mitigó los efectos de la morfina, evidenciándose una mayor expresión de células con marcación positiva para c-fos y la consiguiente reposición de ciertas conductas maternas.

De esta manera se puede observar como las conductas de cuidado de la cría durante el período peri y posparto guardarían relación con los cambios neurohormonales y neuroquímicos producidos, siendo éstos los que a su vez podrán favorecer la modulación de ciertos mecanismos neurales vinculados con la expresión de conductas maternas.

En este sentido, podríamos pensar que las experiencias vinculares tempranas operan simultáneamente en un sentido bidireccional, es decir desde lo molecular como generador de eventos conductuales y desde lo conductual como punto de partida para el desarrollo de eventos moleculares.

Dentro de los eventos moleculares podemos citar la mayor expresión de los genes de expresión temprana como el c-fos (genes que se halla presente en las neuronas cerebrales y que ante diversas situaciones y estados conductuales se activan) la se observó en áreas del sistema nervioso central vinculadas con:

1.       el desarrollo de los aspectos motores y motivacionales de las conductas maternas,

2.       con el almacenamiento y consolidación en la memoria de las conductas maternas y de los efectos resultantes de dichas experiencias tempranas vivenciadas con el bebe, permitiendo así la adquisición de cierta performance y facilitación de dichas conductas ante la confrontación de nuevas experiencias que impliquen la puesta en juego de las mismas (por ej. un nuevo embarazo), o bien ante eventos relevantes que pongan en marcha el desarrollo de las mismas a través del desarrollo de fenómenos de asociación entre las conductas.

 3.       la mediación de aspectos sensoriales de la conducta materna de maternaje, permitiendo así una alta capacidad de reorganización plástica con relación a las experiencias vivenciadas.

 Así por ejemplo podemos mencionar: a) la percepción olfatoria, la cual interviene en el desarrollo de las conductas adaptativas y sociales de la mayoría de los mamíferos. Los cambios plásticos que ocurren durante los estadios tempranos de la formación de la memoria olfatoria se pudieron evaluar mediante estudios realizados en animales en los cuales se observó una mayor expresión de un gen temprano en ciertas áreas del cerebro (muy vinculadas con la olfación) en el grupo de madre que entraba en contacto con sus crías en relación al grupo de madres que se las aislaba de sus crías luego del parto. En el ser humano los receptores del sistema olfatorio principal y del vomeronasal presentan la capacidad potencial de responder a estímulos químicos a partir del 3° trimestre de gestación. Así a partir de este momento las sustancias odorantes del líquido amniótico podrán ser reconocidas por los quimioreceptores nasales del feto. De esta manera se podrá generar trazas de memoria con relación a estas sustancias odorantes percibidas durante la vida intrauterina, las cuales serán utilizadas, en el período postnatal inmediato, por el recién nacido. Por otro lado, se ha podido demostrar que tanto el padre como la madre también presentan la capacidad de poder reconocer y discriminar el olor del líquido amniótico de su propio recién nacido al de uno no relacionado con ellos. Algunos padres han reportado características cualitativamente similares entre el olor del recién nacido y el olor de la madre sobre el final del período de gestación.

·       la percepción auditiva: estudios morfológicos y anatómicos de la cóclea humana, así como estudios del sistema auditivo mediante la realización de potenciales evocados troncales han demostrado que el feto es capaz de responder a estímulos auditivos a partir de la 25° a 26° semana de gestación. Los sonidos externos, incluido el habla llegan poco distorsionados al medio intrauterino. La voz de la madre es un estímulo que se da en forma prácticamente continua durante toda la gestación y de la cual se podrán generar trazas de memoria que podrán ser utilizadas, en el período postnatal inmediato, por el recién nacido.

 ·       La percepción visual: autores han descripto la relevancia que cobra en ciertas especies el imprinting visual. Recordemos que previo al aprendizaje, el animal ante el acercamiento de la mamá o del objeto incrementa sus respuestas de actividad y disminuye sus conductas de tipo evitativas. Luego del aprendizaje en cual el animal  incorpora el objeto a una memoria de largo plazo,  el animal revierte la conducta inicial, es decir incrementa las conductas evitativas y disminuye las respuestas de actividad con lo cual logra la selectividad de seguimiento del objeto que logró el imprinting. Para Horn el proceso de imprinting se asocia con cambios neurobiológicos como por ejemplo el incremento de la longitud de la densidad de espinas dendríticas y el incremento temprano y persistente en la liberación de ciertos neurotransmisores. Finalmente se produciría un incremento de ciertas moléculas de adhesión a nivel de las células neurales que tiende a lograr el fortalecimiento del marco citoesquelético dendrítico y sináptico y la estabilización de los cambios sinápticos asociados a un proceso de memoria en particular. Podemos decir así que la visualización y el reconocimiento de la cara de la madre es un estímulo potente y de gran importancia para el niño. El imprinting visual en primer lugar estaría favorecido por un primer imprinting de tipo auditivo y olfatorio, en segundo lugar es variable para cada especie y en tercer lugar transcurre en un período “crítico” luego del nacimiento. 

De esta manera, la interacción y el procesamiento de toda esta información sensorial que le llega al bebé del entorno a través del polo perceptual le permitirá la posibilidad de desarrollar en los sistemas de memoria un sistema de huellas mnémicas que junto a los afectos ligados a las mismas (representaciones) posibilitarán el desarrollo de ciertas conductas humanas complejas. Ahora bien, en un principio el procesamiento neuronal es de tipo unimodal. La capacidad de ejercer un procesamiento multisensorial y una adecuada coordinación temporo - espacial recién aparecen al cabo de un tiempo, lo cual en el bebé este proceso se podría ver favorecido luego del 3° mes de vida con la pérdida del reflejo arcaico Tónico Cervical Asimétrico. Estas áreas de procesamiento multisensorial se encargarían del procesamiento de las diferentes modalidades sensoriales entre si. Así áreas de la corteza visual que intervienen en el procesamiento de la información obtenida por el polo visual se encontrarían integradas con la información referente a forma y contornos obtenidas por el polo táctil: esto sugeriría la posibilidad de una imaginación visual durante la percepción táctil. La información obtenida por el polo visual también se encontraría integrada con la información proveniente del polo auditivo ya que la integración de ambas permitirán la creación de mapas neurales espaciales visuales y auditivos. Autores como Graziano plantea que la construcción de una representación interna del cuerpo surge como resultado de la síntesis de sensaciones visuales y somatosensoriales, permitiendo crear así la representación de diferentes partes del cuerpo en una relación espacial, lo cual podría dar origen a una posible base neural de la concepción del esquema corporal. De esta manera, una de las variables que participaría en la integración multisensorial es la relación que el estímulo guarda con el espacio ya que la actividad neuronal multisensorial es fuertemente inducida cuando los estímulos sensoriales por ejemplo el visual y el táctil o el visual y el auditivo se encuentran en concordancia espacial, no así cuando hay discordancia entre los mismos, lo que resulta en una significativa disminución de la actividad de dichas neuronas. Por otro lado debemos agregar que los campos receptivos espaciales de las neuronas auditivas y visuales no son estáticos. Así, Sarah Pallas de la Universidad de Georgia logró demostrar esta hipótesis a partir de un trabajo de reorganización sensorial en el cual un grupo de animales procesaba los estímulos visuales con áreas cerebrales muy vinculadas con el procesamiento auditivo, o bien los estudios realizados con PET en humanos ciegos contra un grupo control de sujetos no ciegos, que demostraron que ante tareas de localización auditiva activaban áreas asociativas vinculadas con el procesamiento visual demostrando así una plasticidad de modalidad cruzada.

De esta manera podemos pensar que el bebé en un inicio no es capaz de representar a su madre como un todo, sino que a través de las experiencias sensoriales (el olor, la vista, el tacto, la palabra) y la asociación que realiza entre las mismas es lo que le permitirá ir representando a la madre en su totalidad.  Podemos así plantear la existencia de una serie de mecanismos genéticos, hormonales y polisensoriales van a contribuir con la posibilidad de establecer un feedback constante entre la madre y el niño, y de ambos con el entorno de tipo dinámico. Por lo tanto, la deprivación del objeto durante el período crítico del imprinting filial determinará posteriormente dificultades en el reconocimiento de las diferentes señales sociales ofrecidas por otros miembros de la misma especie. 

 Experiencias vinculares tempranas adversas, su impacto biológico  y su relación con el desarrollo de psicopatología.

En un intento de una aproximación clínica a la psicopatología voy a consideraran los desarrollos de experiencias vinculares tempranas adversas y su impacto a nivel neurobiológico. Estudios longitudinales realizados en humanos plantearon que:1)       la cualidad de la respuesta emocional de la madre hacia el niño se encuentra relacionada al tipo de vínculo que mantuvo de niña con su madre, y 2)       que el tipo de vínculo que el niño mantuvo con su madre, se encuentra relacionado con los posteriores aspectos sociales y filiales de la personalidad del adulto.

Por lo tanto teniendo en cuenta estos dos puntos, podemos plantear que la enfermedad mental de los padres, la cual es desplegada en la vincularidad con el niño, es uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de enfermedad mental en el niño.

Las experiencias de abandono o de privación temprana del objeto fueron realizadas en animales y humanos. Los primates ante breves períodos de separación entre la madre y la cría presentaban durante las semanas inmediatas a la separación, altos niveles de excitación y distress (aumento en la locomoción, en las vocalizaciones de distress e intentos de retorno con la madre). Si dicha separación continuaba, en las semanas subsiguientes se ponía en evidencia un decremento de la locomoción, del juego activo, de las conductas sociales sobre el medio ambiente que lo rodea y finalmente la aparición de conductas de aislamiento. Sin embargo ante el reacercamiento se producía la aparición de un aumento del contacto madre – cría, de las conductas maternas dirigidas e interactivas entre la madre y su cría, y un aumento de los niveles de locomoción y de juego activo.

De esta manera es que podríamos pensar que las experiencias temprana adversas se constituyen como eventos traumáticos con la capacidad de desencadenar en una etapa posterior del individuo ciertos fenómenos neurobiológicos que podrán llevar o no al desarrollo de fenómenos psicopatológicos. Entre los ejemplos que podemos citar: la depresión materna, las experiencias de separación y/o pérdida, 3) el abuso físico y/o sexual entre otras como posibles generadores de patología fronteriza o borderline que como sabemos a través de diferentes autores son pacientes que han estado expuestos a experiencias vinculares tempranas patógenas: dificultades en el “período de separación – individuación” (al decir de M. Mahler), una excesiva agresión temprana vivenciada en forma innata o bien como consecuencia de una excesiva frustración materna (al decir de O. Kernberg), experiencias tempranas de abandono y separación cuyos afectos vivenciados serán re-actualizados durante las experiencias de separación durante la adolescencia (al decir de Masterson y Rinsley), experiencias de inadecuado apoyo, atención y protección y sostén del niño (al decir de Gunderson, Frank, Paris y Walsh) y una alta incidencia de pérdida parental temprana como así experiencias de abuso físico y /o sexual (como lo demuestra Soloff y Milward).Sin embargo algunos autores cuestionan esta linealidad y plantean la capacidad de estas experiencias adversas, de  generar “cicatrices” que podrán tener la capacidad de sensibilizar al individuo ante la exposición a nuevas experiencias de separación. En estos casos cobra fundamental importancia los factores de riesgo como así los factores de protección desarrollados ante dichas experiencias adversas tempranas de abandono. Entre ellos podemos citar la calidad de relación que se mantiene con el padre sobreviviente; la capacidad de éste de poder adaptarse a la pérdida de su pareja (recordemos que la pérdida de uno de los padres genera en el sobreviviente, durante el período inmediatamente posterior, intensa ansiedad, experiencias de gran dolor y en ciertos casos estados depresivos que imposibilitan la capacidad de poder ejercer adecuadas conductas de cuidado, atención y protección del niño); la predisposición genética a desarrollar trastornos psiquiátricos; y el efecto a largo plazo de la experiencia temprana de pérdida sobre las funciones neurobiológicas.  

 La resultante de todas aquellas experiencias adversas infantiles y/o de la vulnerabilidad innata que un individuo trae consigo podría resultar en el desarrollo de ciertas disfunciones biológicas, psicológicas y sociales. A los fines de este trabajo consideraré solo las primeras; si bien es necesario dejar bien en claro la relevancia que adquiere la interacción dinámica entre estos tres niveles (biológico – psicológico – social). A los fines de este trabajo consideraré solo las primeras; si bien dejando en claro la relevancia que adquiere la interacción dinámica entre estos tres niveles (biológico – psicológico – social). Entre las primeras creo importante considerar el rol que juega el eje hipotálamo – pituitario – adrenal (HPA) como respondedor ante la presentación de situaciones generadoras de estrés tanto durante la etapa perinatal como postnatal. El eje HPA interviene en el desarrollo de la activación conctual, emocional y autonómica como así en el desarrollo de respuestas endócrinas ante la exposición a una situación de estrés. Las conductas de maternaje adecuadas resultarán en una mayor expresión génica de receptores que permitirán lograr una mejor regulación de la respuesta conductual ante una situación de estrés. La regulación del eje por corticoides se realizará sobre dos poblaciones de receptores: los receptores a mineralocorticoides (MR) y los receptores a glucocorticoides (GR). Los MR, presentes desde el nacimiento (en los roedores), serían los responsables del mantenimiento de la actividad basal del eje HPA. Los GR, aparecen luego de varias semanas del nacimiento y se ocupan de retornar de la actividad del eje HPA a los niveles basales. Por lo tanto, la habilidad de apagar (shut off o rapid turn-off) el eje HPA luego del estrés no se desarrolla sino luego de varias semanas después del nacimiento. Por ello, en las primeras semanas de la vida a través del mantenimiento de una actividad basal del eje, es que se produce un intenso fenómeno de desarrollo cerebral a través de una mayor proliferación neuronal, una mayor sinaptogénesis y una mayor arborización dendrítica. Esto hablaría dl rol fundamental de los corticoides endógenos para un adecuado desarrollo. Pero para que éste pueda producirse en forma adecuada es necesario la adecuada instalación de un período de hiporespuesta al stress puede ser considerado como un mecanismo protector que asegura los suficientes niveles de corticoides a todo lo largo del desarrollo temprano neonatal para permitir un adecuado neurodesarrollo, sin llegar a niveles que determinen fenómenos de neurotoxicidad. Se sugirió que en humanos  el SHRP en humanos ocurre en el último trimestre del embarazo.

Por ello se concluye que tanto en roedores como en humanos, los corticoides endógenos pueden funcionar como una “espada de doble filo”; ya que niveles adecuados de corticoides endógenos son cruciales para el desarrollo normal, mientras que niveles elevados (como respuesta ante situaciones de estrés) pueden presentar un efecto altamente neurotóxico.Así, un grupo de investigadores demostró que las madres que ejercían conductas de maternaje adecuadas para con sus crías (medidas a través de las conductas de licking y grooming: lamido y cuidado) se traducía en:

·       un aumento de la densidad neuronal y del volumen del hipocampo

·       un aumento del ARNm para ciertos factores neurotróficos

·       un aumento del número de cierto tipo de receptores

·       una mayor disponibilidad de ciertos neurotransmisores en ciertas áreas del cerebro

·       una mayor liberación de proteínas vinculadas a la adhesión neuronal

·       y una significativa mejoría en la performance de las conductas relacionadas con el aprendizaje y la memoriamientras que los estudios realizados en crías de ratas sometidas a una deprivación de contacto y atención materna por un período de 3 horas diarias (recordar que 10-11 días en la vida de una rata equivale a  40-50 días en la vida de un humano) resultaron en una disfunción de dicho eje que se ponía de manifiesto a través del desarrollo de un estado de hipercortisolemia el cual ejerce un efecto neurotóxico a través de:

·       una acelerada pérdida neuronal, ·       un retraso en la mielinización y

 ·       anormalidades en el desarrollo de un adecuado pruning (“poda”) que se manifiesta a través de un proceso de overpruning (“pelado”) de las espinas dendríticas neuronales. La repercusión a nivel conductual de este evento biológico fue que los roedores presentaron una marcada disminución en las pruebas de performance y aprendizaje. Otra de las variables que entró en juego en la investigación realizada por el grupo de investigadores de Meaney fue la de susceptibilidad genética. Las crías que habían recibido de sus madres pobres conductas de maternaje al ser críadas por madres con elevadas conductas de licking y grooming al llegar a estado adulto no se diferenciaban del grupo de crías que había sido criadas por madres con elevadas conductas de licking y grooming. Por otro lado las crías de madres con elevadas conductas de licking y grooming mantuvieron sus características biológicas aún cuando fueron criadas por madres con escasas conductas de maternaje. Esto nos mete así en dos conceptos de actual relevancia en la neurociencias: resiliencia vs vulnerabilidad.Entendemos por resiliencia, la capacidad de un individuo de poder resistir a un entorno ambiental desfavorable a edades tempranas de la vida, a través del desarrollo y fortalecimiento de diferentes tipos de aptitudes y conductas. Esto pone en evidencia el rol que juega la susceptibilidad genética de un individuo.

Sin embargo, a través del estudio realizado por Meaney lo que queda en evidencia es que 1)       a pesar de una mala susceptibilidad genética un entorno ambiental favorable tendrá la capacidad de generar importantes cambios plásticos aumentando la potencia sináptica en determinadas áreas del cerebro (que intervienen en el procesamiento de información proveniente del entorno) y protegiéndolo de los fenómenos de excitotoxicidad y2)       un entorno ambiental caracterizado por el desarrollo de estresores y situaciones traumáticas podrá presentar un efecto favorable, a través del aumento de la resilencia del individuo; o bien desfavorable aumentando la vulnerabilidad del individuo, caracterizada por la mayor susceptibilidad del SNC a diferente tipos de noxas que resultarán en daño cerebral (atrofia de las estructuras neurales con disminución de las arborizaciones  y desarrollo de espinas dendrírticas). El desarrollo de estos fenómenos de resiliencia o vulnerabilidad en la niñez traerá aparejado la modulación de ciertos procesos del neurodesarrollo como son por ejemplo la migración y diferenciación neuronal, la proliferación sináptica, etc. El adecuado desarrollo de estos procesos podrá intervenir en el desarrollo,  conformación y mantenimiento de circuitos especializados en el procesamiento de la memoria y el aprendizaje lo que podrá traducirse en un conjunto de propiedades cognitivas, afectivas, vinculares, etc., como así también en su capacidad de respuesta (reactividad normal / hiporeactividad / hiperreactividad) ante la exposición a subsecuentes situaciones de estrés.

  Concluyendo: La transmisión transgeneracional juegan un papel de suma importancia en la constitución de modelos vinculares. Los adultos que han vivenciado relaciones donde los vínculos tempranos fueron valorados y donde las memorias se integraron en forma adecuada y coherente, presentarán una mayor posibilidad de repetir una experiencia vincular similar con sus propios hijos, ya que presentarán una mayor sensibilidad para poder interpretar en forma adecuada y coherente las necesidades de los mismos. Desafortunadamente hay poca disponibilidad de estudios prospectivos de seguimiento a largo término; si bien podemos plantear que durante el desarrollo, mas allá de los factores genéticos y biológicos, nos encontramos con períodos críticos de una marcada sensibilidad a las influencias ambientales. Las pérdidas parentales, el abandono, las condiciones anormales de crianza, y el abuso físico y/o sexual se constituyen como experiencias adversas tempranas que repercuten sobre el crecimiento, el desarrollo y la sobrevida de las dendritas, axones, sinapsis, interneuronas, neuronas y glía. Por lo tanto considerar la interacción madre - bebé, en un sentido ampliado nos permitirá un mejor entendimiento del desarrollo de las conductas complejas humanas. La rigidificación y la menor capacidad de adaptación de estas últimas a los cambios que resultan de la interacción con el entorno constituirán la matriz para el posterior desarrollo de psicopatología. Es necesario dejar bien en claro que la conceptualización del funcionamiento del SNC bajo una postura extremadamente determinista y mecanicista debe ser considerada y manejada con sumo cuidado ya que constituye un severo riesgo: la terrible posibilidad de caer en una excesiva biologización y medicalización de las conductas humanas complejas, en las cuales los pensamientos, experiencias y sentimientos cobran significativa relevancia. Es decir que, el desarrollo de estas últimas es necesario que sea comprendido como el resultado de  la interacción que se produce entre los diferentes niveles del individuo: molecular, celular, fisiológico, cognoscitivo, psicológico y social; es decir como el resultado de un recorrido de sentido bi-direccional: de la célula a la sociedad (al decir de Freud) y de la sociedad a la célula.  

 

 
< Anterior   Siguiente >
ISSN 2422-7358 - Desarrollado por Ludikalabs