Psicofisiología - UNR - ISSN 2422-7358

 
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lunes, 23 de octubre de 2017
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El Sistema Límbico (II) PDF Imprimir E-Mail

Sobre el Fórnix, el sexto mandamiento y otros asuntos

Prof. Dr. R. C. Frenquelli

 

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Mujer pelirroja agachada (Toulouse Lautrec, 1897)

 

No hay duda que los anatomistas ocupan un gran lugar en la historia del conocimiento. Osados exploradores, recorrieron valerosamente el interior y el exterior del cuerpo. Tan atrevidos como un Magallanes, ese navegante que tal vez no conocía el miedo. Recorrieron con fruición distancias que en lo pequeño esconden múltiples accidentes. Encontraron depresiones, fosas y valles; crestas, picos y otras elevaciones; mesetas, istmos y golfos; grietas, agujeros y cavernas; cruces y bifurcaciones. Toda una topografía en miniatura, tan grandiosa y conmovedora como la que se alza cotidianamente ante cualquiera de nosotros, allí, en lo que llamamos el espacio exterior. Ellos, tan valientes como Copérnico o Galileo, supieron contribuir al descentramiento que en la Modernidad trajo de la mano al Sujeto y la Subjetividad.  

Las analogías se prestaron al afán de dar nombre a la sorpresa que se les ofrecía a los sentidos, cubriendo el asombro y la angustia ante lo desconocido. Así se encontraron, así se encuentran las palabras. Es posible que esos afanes, desbordantes por cierto, los hayan imbuído de una mezcla rara de emociones, cuales las de derivar entre lo sacro y lo profano. Ingresar a esos espacios !!!... 

Los hombres europeos que por primera vez atravesaron el desierto de nuestras pampas no tuvieron más remedio, como geógrafos anatomistas, que llamar “costas” o “puntas” a los bordes de las enormes e inentendibles extensiones que enfrentaban. Es que la vasta llanura, con toda razón,  les parecía un mar.  

Así fue como el Fórnix recibió su nombre. Viene de forno, horno; por su concavidad hacia abajo. Conformando una estructura que une el Hipocampo con el Hipotálamo, por medio de fibras de proyección;  también de tipo comisurales, pues también pasan la información al lado opuesto.  

Es interesante saber que la curvatura inferior, en arco, fornice en latín, era encontrada en los puentes y callejones donde los romanos se encontraban con prostitutas. Donde fornicaban. Sí, Fórnix se emparenta con el sexto mandamiento: no fornicar, no tener sexo fuera del matrimonio.  

Curioso..., o no tan curioso dato, toda vez que bajo nuestro Fórnix se alojan los Tálamos. Thalamus es el lecho donde la pareja de desposados celebran sus bodas, acompañados de himnos y otros parabienes. Es posible que nuestros héroes anatomistas hayan pensado que allí,  donde estos núcleos grises asientan, estaba el “lecho”, la “cámara”, la base  del manto cortical ?  No parece descabellado pensar que la analogía es suficientemente inteligente y adecuada.   

Sin dudas, los Tálamos, reciben toda la fuerza de la correntada de sensaciones que nos vienen desde los dos grandes frentes:  la “exterioridad exterior” – la que comúnmente llamamos “afuera”; la “exterioridad interior” – la que comúnmente llamamos “adentro”. Cúmulo de exigencias que nos imponen el trabajo de la vida. El trabajo por la vida. En otros términos, lo que llamamos Instintos y sus apremios, con sus urgencias, con su tramitación en pos del equilibrio. Ese que cuando se logra en el comercio con lo que llamamos realidad, casi como el agua entre las manos, ya lo estamos perdiendo. El Sistema Nervioso, con su mirada bifronte, presto a la acción, buscando sin cesar esa sucesión permanente de equilibrio - desequilibrio. 

La expresión latina carpe diem, que se hiciera famosa por aquella película de Robin Williams, “La Sociedad de los Poetas Muertos”, significa “aprovecha el día” o “goza de este día”. Pues bien, parece que hay quienes sostienen que carpe diem supone fornicar, “aprovechemos la volada, avanti con tutti”. Los filólogos serios se niegan rotundamente, les parece una brutal simplificación. Los que no somos filólogos, serios o no serios, no estamos tan en contra. Lo cierto es que bajo los "calores del horno", tenemos los Instintos. Prestos a atravesar la banda del Sistema Límbico, esa banda que “circunvala” las regiones del Tálamo y sus vecindades, aportando el color de las emociones. Y dejando, a su paso, la huella que ha hecho decir a Laborit, con tanto acierto, “el hombre es una memoria que actúa”.

 

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Lamentablemente, la transformación de los Instintos, algo tan entendible en el hombre, ha hecho no sea nuestro pasar por este mundo enteramente un “carpe diem”.  Casi siempre, al menos muchas veces, no siquiera un limbo. Ni el de los justos ni el de los inocentes. Y por más que Cristo, con su blancura iluminada, busque en su descenso llevarnos hacia las alturas, siempre volvemos a caer. En un infierno. O en un limbo, pero ya no el de la Religión, si no en el limbo de los que estamos más o menos lelos, atontados. Por las contradicciones entre la Pasión y la Razón. Esta última es una buena manera de entender acerca de lo que psicofisiológicamente nos pasa entre el Sistema Límbico y las "alturas" Neocorticales.

 

 

    

De acuerdo a Carpenter, el Lóbulo Límbico comprende las Circunvoluciones Subcallosa, del Cuerpo Calloso y del Parahipocampo, así como también la formación del Hipocampo y la Circunvolución Dentada subyacentes. Es de aparición temprana en la filogenia.  

El Sistema Límbico, en cambio, incluye al Lóbulo Límbico y los núcleos subcorticales asociados, como el Complejo Nuclear Amigdalino, los Núcleos Septales, el Hipotálamo, el Epitálamo y algunos Núcleos Talámicos. Lo mismo que partes de la calota del Mesencéfalo.

  

 
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